Cambalache,
una pintura argentina.
Por Dino F. Mancinelli
Poeta
y filósofo, con una capacidad de síntesis asombrosa, Discépolo
ha sabido plasmar en unos pocos versos la realidad que nos golpea como
un mazo. Su tango "Cambalache" ya es sinónimo de la
abyección de los argentinos, y se utiliza constantemente para
describir las conductas que hoy nos toca contemplar. Pero veamos analíticamente
esa letra, sublime en su jerga orillera, para justificarla con pruebas
inapelables.
Cambalache
Tango
Letra y Música: Enrique Santos Discépolo
Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
¿Alguien puede ponerla en tela de juicio? Acción y reacción.
Para que haya virtud, debe existir el vicio, caso contrario no existiría
el concepto. Esto lo aceptamos naturalmente, el conflicto se establece
cuando se incrementa lo negativo y se amalgama con lo positivo, no sabiendo
diferenciar entrambos como lo dice el poeta a continuación.
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.
Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
Para modesto ejemplo de la maldad insolente, basta con reparar en los
graffitis, el vandalismo o los prepotentes que circulan por las calles
ciudadanas que, además de molestar y poner en riesgos al prójimo,
lo afrentan con gestos y palabras por el simple hecho de pretender asumir
el derecho que marca la ley.
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!
No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...
Mientras, las autoridades igualan con su indolencia al que cumple y
al infractor. Y no somos capaces de discriminar públicamente
entre un Favaloro y los miserables que lo llevaron a la muerte, encauzando
los fondos que tanto necesitaba su obra hacia el desagüe de los
inicuos intereses de los ineptos senadores y otros integrantes de los
poderes gubernamentales que, con total desparpajo, mantienen sus inmorales
emolumentos. No sólo los conservan, sino que los aumentan desvergonzadamente,
pisoteando con alevosía y provocación los expresados deseos
de racionalizar los gastos para aliviar a los que tanto sufren.
¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Para el caso y “agiornando” los personajes, bien podríamos poner
“Mezclao con Fendrich va la madre Teresa /y Silvia Süller/ el gordo
Valor y Napoleón/ Maradona y San Martín. Le recordamos
al lector que “Stavisky” (Alexander Stavinsky) fue un famoso estafador
de origen ruso que se suicidó en una cárcel de Bayona
(Francia) en 1934; Don Bosco, fundador de la orden de los salesianos,
fue canonizado en ese mismo año; “Don Chicho” (Juan Galiffi)
fue jefe de la mafia argentina y detenido y procesado en 1932 y “Carnera”
(Primo Carnera), boxeador italiano, retuvo el título mundial
de peso completo en el bienio 1933/34. Creemos que “La Mignón”
es la forma usual entre nosotros de la voz francesa “mignone” con el
valor de “querida” o “mantenida”. También podría referirse
a “Mignón”, el conmovedor personaje de una de las obras de Goethe
(Guillermo Meister) San Martín y Napoleón no necesitan
explicarse.
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches
se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...
Pero no sólo en la política vemos las flaquezas humanas.
Toda la sociedad está siendo prostituida (¡Cuántas
veces lo dijimos!). Creíamos ver una intención renovadora,
de aseo espiritual, cuando aparecieron programas televisivos que premiaban
los conocimientos de los participantes. Recibimos con ilusión
a "El Invencible" de Susana Giménez. Imaginábamos,
aunque cuestionando algunas de las estúpidas preguntas ("¿cómo
se llama la parte de los vegetales que se encuentra por debajo de la
tierra? y ¿qué animal se utiliza como modelo para confeccionar
alcancías") intercaladas entre otras realmente interesantes
("¿quién compuso Tristán e Isolda? o ¿con
qué nombre se conoce a la piedra que permitió descifrar
la escritura egipcia?") que una luz de sensatez se encendía
en beneficio de la formación del hombre; pero, esperar el respeto
de los valores por parte de estos medios necios, va más allá
de la razón. En vez de dejar que el conocimiento, o la falta
de él, decidiera el resultado, no tuvieron mejor idea que agregar
una votación para seleccionar a los eliminados. No importa que
uno se hubiera equivocado una vez o diez: el elegido se va. Como los
electores son los mismos participantes, con la falta de valores que
caracteriza a la humanidad contemporánea, eliminan a los mejores
y, de esa manera, se deshacen de los competidores más dotados.
Resultado: ganan los mediocres, porque los muy malos caen por su propio
peso y los mejores son excluidos por los votos de los interesados. Así
que, ante la falta de ingenio para hallar variaciones en el eterno juego
de bucear en el conocimiento adquirido, no tienen mejor ocurrencia que
estimular, promocionar, la competencia desleal. ¿Y el Comfer?
Bien... gracias.
¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley..
¡Qué dilema!. ¿Cómo orientamos a nuestros
hijos: honestos y trabajadores o vividores y delincuentes? Por la formación
ética heredada, no tenemos ninguna duda pero, nuestra insistencia
en la honradez y solidaridad ¿no los condenará a una vida
llena de penurias y humillaciones? El mundo ha perdido valores, Argentina
mucho más. Nos atrasamos muchos años en educación.
Los jóvenes, por estas falencias, ya no pueden comunicarse eficazmente
y describir cabalmente su vida interior en beneficio suyo y de los otros.
Más allá de su vocabulario de cien palabras, muchas de
ellas simples muletillas ("de repente me miró, viste, y
nada, o sea me quedé así, viste, ¡qué sé
yo bolú!) como puede certificarlo el que tenga suficiente estómago
para mirar por más de 10 segundos a un grupo de pseudo humanos
(por no decir "grandotes pel...", que queda mal pero los describe
mejor) desparramados en sillones y camas de "Gran Hermano".
Si nuestros ineptos gobernantes no se ponen ya a revertir esta situación,
nuestros nietos seguirán viviendo en la bestialidad, y no decimos
"nuestros hijos" porque ellos ya no tienen tiempo para disfrutar
de un cambio positivo. ¡Queda tanto por hacer para recuperar al
viejo mundo de la educación y la racionalidad!
Discépolo usó 273 palabras para todo un curso sobre las
características del siglo XX. Nosotros utilizamos casi 900 para
una mala demostración del contenido de su poesía -¡Grande
Enrique Santos! ¡Lástima que los responsables no se den
por enterados de tu reclamo implícito en la descripción
de la sociedad que integramos!- No hay peor sordo que quien no quiere
oír... ¿Recobraremos el oído alguna vez?